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La
historia de la masonería es la historia de una idea, la que se ha elevado
desde la percepción primigenia de un circulo de iniciados, en años todavía
rociados por el polvo de la vida que no había terminado de abrirse aún con
todo su esplendor, hasta alcanzar el nivel de institución universal, como
una de las mas antiguas comunidades de iniciación. Desde el principio ha
convocado la atención de todos los estratos principales del mundo y de la
imaginación de las personas de distinto rango, procedencia o creencia. Ha
agitado los espíritus más fuertes en la historia y ha sido motivo de interés
para la curiosidad de los sabios en todos los confines.
Los esfuerzos realizados para
comprender los principios de la nueva comunidad planetaria, han sido
parangonados sólo por las intenciones de desacreditarla y destruirla bajo
diferentes y forzados pretextos.
¡Cuánto se ha inventado;
cuántas conspiraciones han sido concebidas y cuánta energía se ha gastado
para evitar que la Idea deviniera, Hecho y la Palabra fuera Acción!
Pero todo fue nada en
comparación a los esfuerzos de los iniciados, obstinados en llevar adelante
los postulados sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad de los seres
humanos.
Concebida sobre la Verdad,
estructurada sobre el Nivel, plasmada sobre la Escuadra y conceptualizada en
el Compás, la Masonería ha levantado la túnica que cubrían las dunas de los
desiertos y ha rasgado los velos que ocultaban los manantiales de los oasis.
Como toda obra nacida en la
convicción, la masonería ha perfilado una misión, cuya consistencia se hace
más y más sólida, a medida que los milenios la decantan, con la misma
asiduidad cósmica con que la Tierra sedimenta una a una, sus capas. Esa
misión es hacer que los seres del planeta tengan acceso a sus estados
superiores de conciencia, hasta alcanzar, finalmente, el Éxtasis Supremo en
la unión perfecta de todos con todos; de todos con todo; de todo con el
Todo.
La Historia de la Masonería
es la conversión de la energía de las galaxias en la energía triple
concentrada en el Hombre, donde la Verdad se concreta y toma forma, como el
agua se hace dimensión cuando descansa en una copa inconsútil de cristal.
En esta sección realizaremos
el peregrinaje por las huellas que la Masonería ha dejado en la historia y
por el rastro que la historia ha dejado en la Masonería. Pero hoy, en el
umbral de partida misma os adelantamos a afirmar con gran regocijo:
Agradeced el haber sido dado a la vida y privilegiaos con genuino derroche
de orgullo, de la ascendencia que tenéis en la historia por ser un Hermano
Masón.
La historiografía de la
Francmasonería ha estado envuelta en velos difíciles de rasgar, pero puede
tomarse por lo menos dos propuestas generales: aquella que la hace derivar
de épocas remotísimas y la que concibe un origen más reciente.
Según algunos autores se cree
que la Francmasonería tiene su origen en los antiguos misterios y habría
cundido muy rápido en Alemania, Inglaterra y América. James Anderson, que
fue comisionado por la Primera Gran Logia para preparar el Libro de las
Constituciones, formuló un prefacio resumiendo una historia de la
Asociación, tomada de un antiguo libro de constituciones. Según el
diccionario, ésta historia no era de la Francmasonería sino de la
Arquitectura, la que recuerda las tradiciones de las corporaciones
transmitidas por los antiguos masones.
Comienza por Adán, que ya
habría inculcado a sus hijos el estudio de la geometría y la manera de
aplicarla.
El sabio Oliver remonta el
origen de la masonería al origen mismo del mundo y concibe sus principios en
la constitución primitiva del Paraíso. Señala a Moisés como Gran Maestre, a
Josué como su Diputado y a Aholiab y Becelcel, como principales miembros.
Otros célebres escritores
masónicos fijan un origen más reciente. Algunos la hacen coincidir como es
el caso del H\J.W.S. Mitchell, mientras que otros como Tomás Payne, citan a
los Druidas. Hay quienes - Danse de Villoison los asocian con Herculano y
no faltan los que aseguran que la Francmasonería nació en Las Cruzadas. El
primer autor que asoció a los masones con los arquitectos habría sido el
abate Grandidier, de Estrasburgo, que no era masón.
En una carta enviada a una
amistad particular, el 24 de noviembre de 1778, el abate Grandidier, de
Estrasburgo, que no era masón, incluyó el siguiente texto:
“Habréis oído hablar, sin
duda, de esa célebre sociedad que ha tenido nacimiento en Inglaterra y se
denomina Francmasonería. No he tratado de averiguar sus secretos, porque no
me considero digno de contemplar la luz. No pretendería remontar su origen
al Arca de Noé, a donde lo lleva un masón muy digno, ni al templo de Salomón,
al que consideraron como un masón muy distinguido. No me remontaré tampoco a
las Cruzadas para encontrar los primeros masones en los tercios de las
cruces, ni tampoco los buscaría entre los antiguos soldados de Palestina,
que se llamaban “Los Caballeros de Oriente y de Palestina”. Todas estas
ridículas opiniones, que los mismos francmasones no se atreven a producir,
sino bajo el velo de la ilusión, no merecen que un profano las revele (…) No
debe buscarse ni “en Oriente ni en Occidente”; y esta frase: “La Logia está
bien guardada”, de ninguna manera me procurará la prueba de esas
suposiciones (…) He tenido en mis manos “profanas” pruebas auténticas y
verídicas que datan desde hace tres siglos, y nos hace reconocer que esta
sociedad fanfarrona de francmasones no es más que una imitación servil (¿!)
de la antigua y útil corporación de albañiles, que tenía su cuartel general
en Estrasburgo”.
Esta carta fue debidamente
refutada con posteriores y sistemáticas investigaciones, como es el caso del
erudito H\Dr. Jorge Kloss, que poseía una de las bibliotecas más ricas en
manuscritos de todas las épocas. El H\Kloss afirma que la masonería actual
desciende directamente de la antigua corporación de picapedreros y de otros
gremios unidos a ella, típicas sociedades de la Edad Media.
Tal como podemos observar, los
orígenes de la masonería son percibidos desde diversos ángulos, tanto de
interpretación histórica, como de posiciones personales y religiosas. En las
próximas secciones continuaremos con este proceso, en el que también
tendremos que acostumbrarnos a la idea de que no somos bien recibidos por el
fanatismo, el que se siente impelido a usar sus acostumbrados calificativos
de menos-precio para una institución como la nuestra, que se caracteriza por
la tolerancia y desecha completamente cualquier clase de dogmatismo, el que
convierte al Ser en un elemento de rebaño.
Después de que el Dr. Jorge
Kloss refutara el tenor de la carta del abate Grandidier y expresara su
opinión en sentido de que la actual Masonería desciende de las corporaciones
de picapedreros típicas de la Edad Media, restaba aún resolver la cuestión
de si los usos y símbolos de la Francmasonería nos habían sido transmitidas
directamente de la Edad Media o si habría de atribuírseles un origen
anterior. El H\ Alb. Fallon en “Los Misterios de la Francmasonería, su
verdadero objeto y su origen” (Leipzig, 1859), lo mismo que J. Winzer en
las “Asociaciones alemanas de la Edad Media”, han coincidido en señalar que
los canteros alemanes y los constructores ingleses, no constituían sólo
corporaciones de oficios, sino verdaderas Hermandades en las que se
ejercitaba y enseñaba las teorías secretas de sus respectivos oficios y
artes. Ambos han probado que los francmasones actuales no han inventado sus
signos y símbolos, sino que los han recibido por sucesión directa de las
antiguas sociedades de las que procedemos.
Todas las tentativas que se
han hecho para encontrar verdaderos datos históricos desde la Edad Media,
hasta la más remota antigüedad, han sido infructuosos. Según el Diccionario
Enciclopédico de la Masonería, “se debe rechazar como aventurada y ridícula
la idea de querer encontrar el origen de la asociación en los misterios de
Egipto, esa tierra de castas rígidas…”. Los autores del diccionario
prometen probar más adelante la debilidad de tales concepciones, sobre la
base de la falta de continuidad “directa o inmediata de un misterio
masónico a través de las asociaciones secretas y de las asociaciones
masónicas de los tiempos más antiguos”.
Esperemos las comprobaciones
ofrecidas por los autores del Diccionario. Seguramente serán muy
contundentes. Mientras tanto, para aquellos que son sanamente proclives a
las concepciones soñadoras sobre el origen de las cosas, en éste caso, de la
Masonería, es preciso decirles que la versión romántica del nacimiento de la
Masonería, es decir, la que la asocia a las sociedades secretas más antiguas
de la humanidad, no saldrá debilitada en forma alguna. Recordemos que uno
de los principios universales de la Doctrina Secreta, es que toda asociación
referida a las leyes que rigen el cosmos de lo ignoto, tienen una raíz única
e inmutable, no importan las etapas intermedias.
Después de la importante
introducción, ahora ingresamos a la parte sistemática de la HISTORIA GENERAL
DE LA FRANCMASONERÍA propiamente dicha.
James Anderson, en las
primeras páginas de su “Libro de las Constituciones a la Historia”,
descubierto en el Museo Británico por Halliwell y publicado en 1840, se
anota:
“Hay siete ciencias libres: la
gramática, la retórica, la dialéctica, la aritmética, la geometría, la
música y la astronomía, por medio de las cuales el hombre aprende a
meditar…”
Continúa explicando que el
principio de todas las ciencias había sido descubierta por los hijos de
Lamech: Jabal, el mayor, descubrió la geometría, y Tubalcaín, el arte de
forjar. Estos descubrimientos fueron escritos en dos pilares de piedra, de
los que Hermes encontró uno, estudió las indicaciones que tenía y enseñó a
otro lo que él había aprendido.
En la época de la edificación
de la Torre de Babel el arte de construir se hizo muy importante y, con él,
la Masonería. El mismo rey Nemrod se hizo masón y aplicó los conocimientos
en la construcción de Nínive y otras ciudades
Cuando Abraham fue a Egipto
con su mujer, enseñó a los egipcios las siete ciencias y formaron un
discípulo, Euclides, él mismo llegó a ser Maestro en las siete ciencias y
también divulgó el siguiente precepto: se debía ser fiel al rey y al país;
amarse y ser fieles entre sí; elegir como Maestro al más sabio, teniendo en
cuenta sólo las dotes de sabiduría y de prudencia.
Mucho tiempo después, el la
construcción del Templo del Señor de Jerusalén con los principios que el
mismo Euclides le habría transmitido. A la muerte de David, Salomón terminó
la construcción, para lo que envió masones a diversos países y reunió 40,000
obreros en piedra, a quienes se les llamó también masones. De entre ellos
escogió tres mil que fueron llamados Maestros y directores de los trabajos.
Existía en esos tiempos un
rey llamado Hiram, el cual proporcionó a Salomón las maderas de construcción
para el Templo. Salomón confirmó los reglamentos y las costumbres que su
padre había introducido entre los masones, consolidando de éste modo, el
arte de la Masonería. Muchos miembros de estas asociaciones viajaron al
exterior; entre ellos estaba Gracus, el mismo que fue a Francia y estableció
la Masonería propiamente dicha.
Los historiadores dicen que
Inglaterra no tuvo masones hasta la época de San Alván, quien, por encargo
del Rey contrató obreros para levantar una muralla que cercara su ciudad.
Después vendría el rey Athelatan que organizó la edificación de numerosas
abadías, obra que proyectó su hijo Edwin, a quien le gustaba la geometría.
Edwin, consiguió un permiso de su padre para reunir anualmente a los masones
con el objeto de cambiar experiencias, identificar los trabajos malos y
castigar a los culpables. Permitió que los masones nuevos y viejos, propios
y extranjeros conocieran lo que cada uno hacía. Allí se encontró con que los
informes respectivos estaban redactados en varias lenguas, provenientes de
otros tantos grupos de masones extranjeros. Edwin los seleccionó y reunió en
un solo tomo. Recomendó que ese libro fuera leído y comentado cada vez que
se recibiera a un nuevo masón. Desde entonces, los usos y prácticas de los
masones se han conservado bajo la misma forma.
Pero, continúan los eruditos,
nada de esto nos asegura que el origen de los masones se remontara a tiempos
muy lejanos de los de Salomón. La Edad Media habría querido retrotraer la
fecha del origen masón a siglos muy anteriores, pero, según los eruditos
esto habría sido más un acto de imaginación que de hecho, señalan que la
historia de la Francmasonería moderna estaría unida a la de las asociaciones
masonas de la Edad Media y los antepasados de la masonería serían los
Canteros de Alemania.
Los ostrogodos habrían sido
los primeros en imponer un estilo propio, especialmente bajo el reinado de
Teodorico, a pesar de que el primer movimiento real de tipo germánico se
habría dado en la época de Carlomagno
Se afirma que el espíritu
corporativo, propio de la Edad Media, surge para unir a los curas (régimen
monacal) a los caballeros (hermandades de las que conocemos a través de la
lectura de Don Quijote) y a los que tenían el mismo oficio (corporación)
El arte de la construcción
habría avanzado mucho, como heredad del Imperio Romano. Alemania y Francia
habrían ocupado el primer lugar en la práctica de éste arte, mientras que
Inglaterra, España e Italia vendrían después. De todo esto habría aparecido
lo que se conoce con el nombre de estilo romántico y estilo gótico
El estilo romántico estuvo
vigente en el periodo 1000-1200 y se supone quesería el estilo católico por
antonomasia. Los conventos eran los centros industriales de aquella época.
Los benedictinos primero, y luego los cistercienses se habrían ocupado de la
construcción. Cada convento era una colonia en la que, aparte del ejercicio
del catolicismo, se estudiaba principalmente, las lenguas y la teología; se
ocupaban también de la agricultura y de otros oficios
El arte de la construcción
incluía también la escultura y la pintura. Se supone que muy pronto
aparecieron también constructores laicos. Con todo esto, se habría visto la
necesidad de conformar corporaciones que permitieran la estabilidad bajo el
principio de subordinación completa.
Tal como vemos, los eruditos
pretenden de mostrar que la actual francmasonería germinó en los conventos y
luego fue cobrando independencia. Esta percepción se opone a la que afirma
que los orígenes de masonería vienen de los tiempos no sólo de Salomón, sino
de las construcciones de las pirámides y de los grandes monumentos de los
mundos regidos por las leyes de lo ignoto, de aquéllos que se ocupa la
Doctrina Secreta.
Al propagarse el conocimiento
y el ejercicio de la arquitectura, el poder de las ciudades creció muy
rápido. Los conocimientos obtenidos fueron preservados por los Maestros
Masones en el seno de sus respectivas corporaciones, es decir, en las
logias, institución que empezó a unir progresivamente a los albañiles,
constructores y arquitectos del mundo. El espíritu germánico se habría
despertado en toda su plenitud pretendiendo llegar a la realización de todas
las creaciones y de todas las magnificencias del arte, lo que habría dado
origen, según algunos doctos, al estilo gótico (1225-1525).
Sin embargo, los franceses
reivindican para sí el privilegio de haber sido los creadores del gótico, el
mismo que habría aparecido ya en su territorio hacia el año 1160, aunque
parece que se reserva a Alemania el haber desarrollado el estilo hasta sus
máximos alcances. Las reglas y las relaciones matemáticas de la nueva forma
de construcción fueron enseñadas en los Talleres (Logias) de los tallistas
de piedra de Alemania, para propagarse después como secretos del arte.
Dondequiera que se
emprendieran obras de importancia, las Logias fueron los centros de
creación. Como uno de los fundadores de esas Logias, se cita el nombre de un
abad llamado Wilhelm von Hirtschan (1000-1009), quien había sido Maestro de
la Logia de San Memoran en Regensburg.
De acuerdo con ésta teoría, se
insiste en que los masones devienen de los conventos y que sólo en los
primeros años del siglo XIV, los curas fueron perdiendo el gusto por las
construcciones. Así, los Maestros Masones se habrían independizado de ellos.
En la Edad Media con el
triunfo del Cristianismo, los misterios de Baco, que conservaron los
Colegios Romanos, fueron dejando su lugar a la forma judía. Ya que esta no
era incompatible con la religión Cristiana. A medida que el Imperio Romano
de Occidente era destruido por la invasión de los bárbaros (germanos,
visigodos, hunos), la iglesia aumentaba su influencia política y espiritual,
hasta convertirse en el único organizador de Europa. Los Colegios Romanos,
para no perder la tradición aceptan en su seno a monjes y patronos como
miembros de honor y los emplearon activamente en la construcción de iglesias
y monasterios. Estos masones operativos no levantaban sospechas de la
iglesia, que los consideraba como hombres que prudentemente protegían los
secretos de su oficio, los secretos especulativos se fueron confundiendo con
la terminología operativa hasta que la transición fue completa. Es de éstos
grupos de donde se originaron las Logias de masones confederados de la Edad
Media.
Las enseñanzas de los
Colegios pasaron a las Uniones Comacinas, las que asimilaron éstos misterios
filosóficos y las adaptaron a su forma de organización. Las Uniones
Comacinas se originaron de un Colegio que se trasladó a la isla Camacina en
el Lago Como, al norte de Italia. Fue tal la superioridad en el arte de los
albañiles y ladrilleros de ese lugar, que recibieron el nombre de Magistri
Comacini, y arquitectos de todos lados acudían a estudiar al Colegio de Como
para instruirse. A su genio creador se le debe el arte romántico, ya que es
muy probable que adaptaran el estilo romano con las exigencias de los
lombardos. La primera mención de los Maestros Comacinos ocurre en el Código
del Rey Luitprand en el 713, cuando ellos recibieron los privilegios de
freernen, hombres libres del Estado Lombardo. Las Uniones Comacinas
heredaron de los Colegios Romanos no solo el arte de la construcción, sino
también sus misterios secretos. Como dice el H\Ward; "muestran marcadas
analogías con nuestro moderno sistema masónico: estaban organizados en
maestros y discípulos, bajo el mando de un Gran Maestre; sus sitios de
trabajo eran llamados Logias; tenían apretones de manos, palabras de pase y
juramentos de secretos y fidelidad. Muchos de sus maestros eran hombres de
amplia cultura, con profundo conocimiento del significado oculto de los
ritos y ceremonias transmitidas entre ellos". De ésta teoría deriva, aquella
que sostienen algunos escritores, que la Masonería fue introducida en Europa
durante las cruzadas, ya que la primera cruzada empezó en el año 1065.
Cuando se estudia la Masonería
antigua se descubren dos ramas distintas entre si, por su designio y su
carácter. La primera meramente práctica, es un arte útil que tiene como
principal objetivo la protección y comodidad del hombre y la satisfacción de
sus necesidades físicas. La segunda es una ciencia profunda que se ocupa de
la investigación acerca del alma y la vida futura, derivada del afán de la
humanidad de saber algo más fuera del plano terrestre. Como masones, nuestro
pasado especulativo es noble y magnifico, somos en ese aspecto
descendientes, en línea directa, de reyes, profetas y sacerdotes de la
antigüedad, que han sido portadores de la luz oculta al común de los
hombres. Pero también debemos estar orgullosos de nuestros ancestros
operativos, que tan fielmente protegieron la tradición en los días oscuros
del medioevo. A ellos se debe el arte románico, cuyo esplendor quedó
plasmado en catedrales y monasterios construidos para la Gloria de Dios. El
clímax de la Masonería operativa medieval fue alcanzado, entre los siglos XI
y XII, con el desarrollo de la arquitectura Gótica. La devoción fue la gran
característica de este periódo.
Los Estatutos de los Canteros
de Bolonia de 1248 son los documentos masónicos más antiguos que se conocen,
de ahí que revistan especial interés, pues constituyen un testimonio
histórico y normativo a la vez que una enseñanza referida al arte y oficio
de la construcción, el cual. al ser vivificado por el rito, establece un
orden y armonía, que partiendo de los Principios Universales, organiza todos
los niveles jerárquicamente inferiores, es decir, los pertenecientes al
ámbito de lo manifestado, inclusive el del plano más material y concreto.
Una cuestión a tener en
cuenta es la época en que éstos Estatutos fueron redactados: la cristiandad
medieval, con las consiguientes normas religiosas imperantes en ese momento,
recordando que la Masonería -que no es religiosa sino una organización
Iniciática de oficio de alcance universal, ha tenido siempre la facultad de
adaptar su visión simbólica del mundo a todo tiempo y lugar, superando
cualquier rigidez o dificultad religiosa, política o social, motivo por el
cual continúa viva hoy en día. Sus orígenes míticos se entroncan con la
cosmovisión de antiguas tradiciones, tal y como reflejan otros documentos de
la Orden, como es el caso del manuscrito Cooke de 1410 d.c., donde se dice
que “Toda la sabiduría antediluviana fue escrita en las dos columnas, las
mismas que dan acceso y sostienen el Templo Masónico. Todo esto hace de la
Masonería un “arca” en la que se encuentran depositados los conocimientos
revelados por los dioses a los hombres y que desde la más remota antigüedad
se han transmitido ininterrumpidamente hasta la actualidad, cual tesoro a
redescubrir o descifrar por cada masón entregado a la labor de conocerse a
sí mismo.
Por tanto, éste documento
constituye uno de los legados de dicha organización Iniciática y operativa,
la cual, respetando las formas y usos del lugar en el que desarrolla su
trabajo, llega a formular hasta el último de los detalles que rigen su
institución, aún lo más externo o exotérico, pues ya se sabe que el punto de
vista esotérico -dado su carácter interior, nuclear o principal-, es el
origen de todo lo manifestado y por tanto de todo lo perteneciente al ámbito
exotérico. Es más, en la época de la redacción de los Estatutos, lo
esotérico y lo exotérico convivían sin conflicto, pues se reconocía la
superioridad del primero respecto del segundo, y su consiguiente
complementariedad. Esto es lo que también hace de éste documento
administrativo un testimonio del origen del propio ritual masónico, puesto
que “las corporaciones de constructores medievales le han dado su estructura
la Masonería, incluso los tres grados Iniciáticos y su simbólica fundamental
vinculada con el arte de construir”.
Los Estatutos de Bolonia de
1248 ponen el acento en prescripciones y normas de orden externo, y no
revelan explícitamente los símbolos y secretos propios de la Iniciación, si
bien es indudable que su redacción está inspirada por esas ideas más
interiores. Esos secretos se plasmaron y perpetuaron en las propias
construcciones arquitectónicas llevadas a cabo por los masones, en las
marcas de centena, en las esculturas, los grabados y relieves de las
catedrales, así como en los vitrales, las herramientas, etc., es decir, en
todo lo que constituye la simbólica del oficio, donde se halla contenida la
síntesis de los conocimientos tradicionales que la Masonería trasmite, y
cuyos orígenes, verdaderamente, y como tantas veces se ha dicho, “se pierden
en la noche de los tiempos. Toda ésta riqueza está a la vista de cualquiera
que desee contemplarla; pero las claves para su interpretación y sobre todo
para su aprehensión, requieren de una enseñanza y un aprendizaje que sólo
puede ser transmitido y vivido a través de la Iniciación. |